El otro partido

reformas emprendidas. Cuando la selección nacional de fútbol regresó a Lima de Buenos Aires luego de haber clasificado al mundial, Velasco se dirigió al pueblo peruano en medio del agasajo a los jugadores en la Plaza de Armas de Lima y enlazó la trayectoria de la selección con la trayectoria de la revolución: La lección más importante de esta victoria es haber mostrado, aún en las condiciones más difíciles, todo lo que se puede hacer: con decisión y con unidad, con valor y con voluntad de vencer. El Perú enfrenta hoy los obstáculos de una auténtica revolución que está cambiando la situación de injusticia social en que ha vivido. Para vencer estos obstáculos, necesitamos también de esa unidad, de ese coraje, y de esa voluntad de triunfar, que hará la grandeza de este Perú que tanto amamos (Juan Velasco Alvarado, discurso del 3 de setiembre de 1969). El deporte, en general, y el fútbol, en particular, canalizaron la representación de los valores del GRFA. Su base ideológica fue la promoción de un nacionalismo basado en el patriotismo militar (North, 1985) que buscó resaltar la creatividad nacional como propia y superior a expresiones culturales extranjeras. Junto con la recuperación de expresiones culturales populares (Alcántara, 2016) y el rescate histórico de héroes, íconos y tradiciones locales (Hernández Asencio, 2017; Roca Rey, 2016), el deporte fue una de las arenas donde el GRFA buscó revalorar la identidad nacional. Este proyecto se gestó durante los años de la Guerra Fría, cuyos debates se trasladaron también al deporte. La Unión Soviética presentó sus logros deportivos como resultado de su política amateur, con lo cual cuestionaba el modelo estadounidense basado en la comercialización y profesionalismo (Yoder, 2016). Uno de los más tempranos seguidores de la política deportiva rusa en Latinoamérica fue Cuba, en donde Fidel Castro, inspirado además en la filosofía de José Martí sobre la necesidad de integrar la educación física e intelectual a partir del acceso popular (Fabregat, 2016), prohibió el deporte profesional en 1962. Ya a inicios de 1970, los éxitos de Cuba eran ineludibles en el mundo: en las Olimpiadas de Tokio 64 obtuvieron una medalla, en México 68 consiguieron cuatro y en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 67, siete preseas. Con la evidencia, el modelo ruso-cubano fue recogido por el Consejo Europeo de 1966 para el diseño del programa Sports for all, en el cual el deporte se define como un derecho del pueblo, lo que implica que su práctica debía dejar de ser un privilegio (Riordan, 1996). Así, a inicios de la década de 1970, los países latinoamericanos, independientemente de su inclinación 63

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