El otro partido

de la competencia se repartían el 60% restante19. De este último porcentaje, el club se quedaba con una cantidad para su funcionamiento básico y el resto se repartía como propina a los jugadores. Los dirigentes de los clubes no estaban conformes con esta distribución de la renta generada por la creciente asistencia a los estadios. Según ellos, la situación económica de los clubes se había agravado a pesar de que ellos eran los que generaban los ingresos atrayendo espectadores a los torneos. Además, resentían medidas tomadas por los representantes del gobierno que, con el fin de reorganizar el fútbol —incluyendo la creación de ligas distritales, provinciales y departamentales—, había suspendido el campeonato nacional de 1922, con lo cual los dejó sin ingresos suficientes. Todo esto ocurría en un contexto en que se abría paso poco a poco la profesionalización del fútbol. Los clubes que debían pagar abierta o veladamente a sus jugadores resistían o desafiaban a la autoridad de la FPF. En algunas oportunidades incluso se negaban a efectuar estos pagos, sobre todo cuando se les negaba el permiso para organizar partidos amistosos fuera del campeonato regular o salir de gira a otros países o provincias o convocar a sus jugadores a la selección nacional sin compensación y prohibiéndoles jugar por sus clubes. Y es que la FPF organizaba partidos pro fondos o de homenaje a figuras patrióticas con cierta frecuencia y le daba a los clubes y jugadores convocados un porcentaje menor de la taquilla. Como reclamaba Claudio Martínez: «Los clubes después de cumplidos sus compromisos inherentes al campeonato de competencia, necesitan la libertad necesaria para conseguir los recursos que les permita evitar la bancarrota»20. En otras palabras, los jugadores eran la mano de obra barata a la que el gobierno y los dirigentes podían recurrir para mejorar su posición ante la opinión pública. Para los dirigentes nacionales de la FPF y para un sector de la prensa esta preocupación por la renta era un peligro ya que podía derivar en el profesionalismo que, según ellos, se guiaba por el lucro, el interés egoísta y no por el ideal del progreso y la Patria Nueva. Se criticaba, por ejemplo, que jugadores identificados con un club se cambiaran a otro, lo cual era visto como una muestra de amor al dinero y no a la «camiseta». El ideal de la Patria Nueva iba de la mano con la ideología del amateurismo que era una concepción aristocrática al proponer que la práctica y mejora competitiva del deporte debían ser alcanzadas sin que mediara ningún estímulo material considerado como espurio (Scher & Palomino, 1988). Recordemos también que la práctica del deporte también conducía a la 49

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx