4. EL RUMBO GRIS DEL PROFESIONALISMO Y LA SELECCIÓN NACIONAL DE FÚTBOL Una de las principales responsabilidades del fútbol organizado de esos años fue la formación de la selección nacional que representaría al Perú en el Sudamericano de Argentina de 1929, proceso que resultó accidentado, plagado de incidentes y arduos debates que incluso se mantuvieron luego de la caída del Oncenio. El gobierno de Leguía alentaba el ideal de la patria nueva y para ello era necesario contar con una selección nacional que representara al país en el ámbito internacional. Sin embargo, la forma de la convocatoria y el proceso de preparación de este representativo nacional fueron cuestionados por los dirigentes y los jugadores de los clubes más populares. Las discrepancias se producían por la distribución de la renta que crecientemente producía el fútbol entre la federación, la Municipalidad de Lima y los clubes. Se trataba, pues, de una distribución que expresaba las desigualdades de poder y la forma en que se ejercía el liderazgo político del deporte. La fuente principal de los ingresos del fútbol era la taquilla que se colectaba con el pago de las entradas a los partidos de los torneos de competencia. A esto se sumaban los aportes de los dirigentes padrinos o protectores de sus respectivos clubes. No existía profesionalismo, aunque con la competencia se fue desarrollando paulatinamente una suerte de profesionalismo «marrón», que definiremos más adelante. Antonio Maquillón, un jugador del Club Tarapacá, relata que, cuando se iniciaron las competencias: Nosotros jugábamos amateurmente. No recibíamos nada, a veces «propinas». Lo único que compraban (los clubes) eran los uniformes y los zapatos. Eran pobres las entradas porque en el estadio se cobraba un sol y dos soles. Y se repartían entre los cuadros (clubes) para que estos pudieran comprar los uniformes. Nos daban dos, tres entradas para la familia, y para el pasaje. Y si había, nos ayudaba el presidente del Club con plata18. En los años veinte, sobre todo después de la aparición de la FPF, la propina se convirtió en la norma. Esta no era un sueldo fijo sino un porcentaje de las entradas que pagaban los aficionados. La FPF, que dependía del gobierno pero que no recibía fondos públicos, recibía el 5% del valor de la entrada al espectáculo del fútbol. Por su parte, el Comité Nacional, otra instancia estatal, percibía el 25% para promover otros deportes; la Municipalidad de Lima, el 10%; y los clubes que participaban 48
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