Fuente: ADFP (2012), decreto ley 17817, decreto ley 22068. * Según la ADFP (2012), en 1962 se asume la denominación de Asociación Deportiva de Fútbol Profesional y no ocurren más transformaciones dentro de la asociación. Sin embargo, en la Ley del Deporte Nacional de 1969 se reconoce la existencia de la Asociación Peruana de Football. A esta se le adjudica la función de representar transitoriamente a los clubes del país, pues hasta entonces solo representaba a los clubes limeños (capítulo VIII, disposición transitoria 4, decreto ley 17817). Desde entonces será conocida como Asociación Nacional del Fútbol (o ANF). Debido a este cambio en la naturaleza de la asociación, la integramos en el listado. ** En 1978, el decreto ley 22068 estableció que las organizaciones bajo la denominación «Federación Peruana» eran las únicas rectoras de su rama deportiva. Además, que las «Asociaciones Deportivas» correspondían a agrupaciones de clubes. Reconoce la existencia de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional y en su disposición transitoria establece que se ajuste al reconocimiento como «Asociación Deportiva», lo que da lugar a la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional. Esta situación se gesta, como vemos, durante el Oncenio, periodo en el cual la nueva federación promovida por el gobierno modernizador de Leguía se concebía como un ente elitista y centralista que debería organizar, mejorar la preparación y reglamentación de la práctica del fútbol; pero también debería disciplinar a los clubes obreros y populares los cuales, según ellos, tenían poco espíritu amateur, no eran patriotas y tenían mucho interés por las taquillas que generaban los campeonatos. Por supuesto, acceder a un regulado y equitativamente distribuido ingreso por taquilla cortaba la relación patrimonial con el «don», quien debía mantener la figura de proveedor máximo para garantizar la continuidad de esta relación. Para realizar estas tareas, los nuevos dirigentes de la FPF contaban con el decidido apoyo del Comité Olímpico. Para algunos críticos, sin embargo, el proyecto deportivo del Oncenio era en realidad una estrategia dirigida a restar apoyo a los nuevos partidos socialista y aprista que emergían movilizando a las masas urbanas. Estos movimientos y partidos se oponían al desarrollo del capitalismo inglés y norteamericano en los términos impulsados por el gobierno y demandaban mayores derechos sindicales y sociales para la creciente masa de trabajadores. Al respecto, Stein, Deustua y Stokes (1986) señalan que Leguía utilizó la afición al fútbol para dotarla de estructuras institucionales de organización y difusión del deporte pero que también le sirvieran para obtener apoyo popular. Un poderoso mecanismo de control fue la selección nacional de fútbol; el equipo que representa lo mejor del fútbol peruano en el extranjero y que tenía por deber epitomizar los ideales de la patria nueva. Su constitución, sin embargo, estuvo plagada por las disputas por su control. Aquí se reproducen las tensiones entre el gobierno, la federación y la asociación. 47
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