El otro partido

enorme influencia en la política peruana hasta nuestros días. Miró Quesada de la Guerra contribuyó activamente con el desarrollo del fútbol. Fue jugador desde 1897 en un combinado de jugadores residentes en Chorrillos. En sus años de estudiante universitario en San Marcos, formó parte del equipo de Derecho y del combinado universitario. Asimismo, fue presidente del club Unión Cricket en 1903, 1905 y 1907; diputado por el Partido Civil entre 1906 y 1912; alcalde de Lima entre 1916 y 1918, y años más tarde, director de El Comercio. Era conocida su simpatía por la denominada Federación Universitaria, que luego se convertiría en el club Universitario de Deportes. Por aquel entonces, la creciente y heterogénea población comenzó a presenciar y participar en los torneos y competencias que, como novedad, se organizaban desde los municipios de Lima y del Callao14. La fascinación por el fútbol radica en que este ofrece un espacio donde los criterios de jerarquización social no garantizan el resultado deportivo y, por lo tanto, los excluidos pueden ganar a los poderosos; algo impensable en otras esferas de la vida social. Desde antes del cambio de siglo, los deportes fueron ganando un espacio de reconocimiento. En 1899, por ejemplo, con ocasión de las Fiestas Patrias, las competencias deportivas formaban parte del programa oficial de celebraciones a las que asistía incluso el presidente de la república. Ese mismo año, el 8 de julio, El Comercio anunció la salida de El Sport, la primera revista quincenal de deportes del país, en cuya portada apareció la fotografía de Pedro de Osma y Pardo, quien además escribía su editorial (Cajas, 1949, p. 42). Sobre este impulso inicial, en los siguientes años el fútbol se expandió desde los clubes de ingleses residentes en el país y de las élites peruanas educadas en Inglaterra —o que se adherían culturalmente a ella— a los colegios, universidades y barrios populares de Lima. Luego este deporte pasó a las fábricas textiles y a otras empresas, hasta convertirse en una actividad que integraba y creaba lazos de identidad al interior de la heterogénea población limeña (Álvarez, 2013). Las asociaciones deportivas, especialmente en la forma de clubes, se difundieron rápidamente en distintos sectores, dando lugar a clubes de élite, de colegio, de barrio, de universidad y de fábrica —los clubes obreros surgieron entre 1907 y 1912—. Estas instituciones se constituían y se deshacían constantemente; solo se consolidaban algunos cuantos y muchos otros quedaban en el camino. En este proceso asociativo es posible identificar un 37

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