modernización liberal que su proyecto representó no significó la transformación profunda de las jerarquías sociales3 (Mc Evoy, 2017). La oligarquía contaba con sus propias redes y prácticas patrimonialistas que tomaban la forma de padrinazgo, compadrazgo y clientela; arreglos jerárquicos que les servían como mecanismos de legitimación social y que le permitían «vincular espacios socialmente tan distantes como los callejones más paupérrimos y Palacio de Pizarro» (Del Águila, 1997, p. 5). Al respecto, podríamos agregar que vincula también el fútbol como práctica de masas con las autoridades políticas y el Estado, como veremos en la siguiente sección. La herencia del patrimonialismo expresada en el ejercicio personalista y discrecional del poder, en el uso de bienes públicos como patrimonio privado, y en la gestión basada en favores y lealtades, continuó siendo práctica generalizada en las primeras décadas del siglo XX. Penetró incluso en las instituciones del Estado y sus iniciativas. Así pues, la ley y el Estado de derecho, elementos centrales de toda propuesta de modernización y democracia, se manipulan o incumplen en función de los intereses de pequeño grupo. La célebre frase del mariscal Óscar R. Benavides, dos veces presidente del Perú (1914-1915 y 1933-1939), resume la esencia de la política patrimonialista: «para mis amigos todo, para mis enemigos la Ley»4. El fútbol, entonces, emerge como un espacio en donde se reproduce la dominación patrimonial que estructura al Estado y la oligarquía del Perú. 1.1. El deporte durante los primeros años de la República Ya en los tiempos independentistas se hablaba de la actividad física como forjadora de carácter. El libertador Simón Bolívar, en su discurso ante el Congreso de Angostura (inaugurado el 15 de febrero de 1819), se refirió a la educación física como uno de los componentes del desarrollo moral de las nuevas naciones (López de D’Amico, 2012). Sin embargo, en el Perú, si bien no hay una fecha precisa, el deporte comienza a ser practicado por las élites recién alrededor de los años de Castilla (inicios de la segunda mitad del siglo XIX). Los clubes a los que pertenecían los inmigrantes ingleses fueron los primeros espacios de difusión—de hecho, el término coloquial para referirse al nuevo entretenimiento era sport—. Los empleados de la Compañía Duncan Fox fundaron el club Lima Cricket en 1859 (Carrasco, 2013), el que se convertiría décadas después en uno de los primeros focos 25
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