El otro partido

suyos propios, estaría desapareciendo. Aquí «honestidad» se equipara al «honor», aquella virtud valorada por los viejos caballeros —quienes no exactamente anteponían los intereses del club a los suyos, pero ciertamente existía un grupo dispuesto a disponer de sus propios recursos para conquistar logros deportivos—. Esta especie en peligro de extinción ha sido depredada por nuevos liderazgos en la cadena alimenticia. Entre los más fuertes ahora predominan los dirigentes «criollos», quienes reproducirían en la cancha y el día a día la conducta de la cantina. Junto a él —o acaso siendo la misma persona— se encontrarían los señores de la billetera gorda, aquellos que aprovechan la cancha para visibilizar su alcance económico y ganar reflectores para sí mismos. Un tercer espécimen buscará acercarse a los jugadores para ser tratado de tú a tú y, con ello, satisfacer una imagen personal de proximidad y amistad. Junto a ellos subsisten dos especies que hacen eco al viejo pacto de caballeros, ahora transformado con las nuevas relaciones clientelares: Está también el dirigente ladrón, sin escrúpulos, que quiere simplemente ganar dinero con la venta y compra de jugadores. Y que le abre la puerta del club a toda clase de pequeños roedores: empresarios chicha, gerentes bamba, empleados trafa. Es el rey de la coima y va corrompiendo todo lo que toca (...) Y está también el cacique, el dueño de su hacienda, que incluye la propiedad sobre hinchas y jugadores. Mira a los futbolistas como ganado que le sirve mientras rinde en la cancha para acrecentar su prestigio. Pero si se enferman o se quiebran, los despacha como a caballos cojos. No cree en democracias y los miembros de su junta directiva son como empleados de su empresa. También los cambia si molestan y, si puede, los insulta y los rebaja (…)200. A fines de 1994, la esperanza de sacar de la crisis a los dos grandes clubes peruanos, Alianza y Universitario, se basaba en el cambio del sistema del Descentralizado peruano. Los dos se encontraban en crisis económica: Alianza sin poder pagar a sus jugadores y Universitario sin poder costear el hospedaje para su concentración. Ambos clubes anhelaban que el nuevo sistema de 1995 les brindara mayores ingresos. Al «maquillar» la situación financiera real de los clubes, muchos conceptos quedaron adeudados como el salario de los jugadores. Ante las presiones, el gobierno fujimorista se vio obligado, en 1995, a publicar la ley 26566, Ley de Régimen Laboral de los Jugadores de Fútbol Profesional. La naturaleza del vínculo laboral, sin embargo, es nebulosa y 204

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