El otro partido

S/ 21 852 513. Por acuerdo unilateral del directorio de la FPF, el 2 de abril de 2001 se acordó distribuir este dinero en partes iguales entre la FPF (50%) y los clubes de los jugadores integrantes de la selección nacional de fútbol (50% entre todos). Al tratarse de ganancias producto de transacciones, como la venta de derechos televisivos, sorprendía que la distribución de ingresos no se hubiese sometido a mecanismos transparentes de asignación. Nicolás Delfino rechazó las conclusiones del informe Noriega, al que acusó de difamatorio y de no estar suficientemente sustentado. La FIFA, a su vez, por intermedio de su presidente Joseph Blatter, envió una misiva al presidente del IPD Iván Dibós, en la que manifestaba su gran preocupación sobre la investigación de la gestión de la directiva de la FPF, por parte de la Comisión de Juventud y Deporte del Congreso peruano. Al respecto, Blatter dijo: Si bien la FIFA no pone en tela de juicio la soberanía de su país, ni los poderes otorgados en su Constitución, vela, no obstante, a fin de que el ejercicio de estos poderes no se traduzca en una injerencia en los asuntos internos de nuestros miembros. Como bien sabe, esta injerencia no es admitida en los Estatutos FIFA (La República, 10 de marzo de 2005). Aclaró también que los fondos por concepto de TV no podían considerarse en ningún caso como «públicos». Agregó: «Quedaré agradecido si, gracias a sus buenos oficios, pudiese convencer a los iniciadores de la controversia que esta solo puede perjudicar las relaciones entre la FPF y la FIFA». De otro lado, es necesario señalar que en los años noventa (fecha exacta sin confirmar), Delfino, el dirigente chileno Ricardo Abumohor y el paraguayo Oscar Harrison solicitaron a la CSF que los derechos comerciales y televisivos de las selecciones se otorgaran por licitación y no por adjudicaciones directas. Lamentablemente fueron solo tres votos a favor de un total de diez. La mayoría estaba de acuerdo con el sistema de asignación «a dedo». Sobre esa dinámica, Abumohor comentó: Se decía que era tal el descaro de los dueños de las empresas intermediarias que al momento de negociar preguntaban directamente cuánta plata blanca y cuánta plata negra, en relación con las cifras que oficialmente aparecían en el contrato y las que tenían que ir por debajo, pero jamás tuvimos pruebas (citado en Sagredo & Tapia, 2016). 199

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