Mientras tanto, el 27 de diciembre de 1991, la nueva junta directiva del IPD, dirigida por Miguel Daneri, designó a Manuel Burga como presidente de la FPF. En este primer periodo, lo acompañó en la vicepresidencia Augusto Claux, directivo de Alianza Lima. Burga declaró entonces que no iba a tocar la resolución 001 dejada por Grande, debido a que la reducción del número de clubes era una medida importante para la reestructuración del futbol peruano. Acaso el rechazo que su postura generó en la mayoría de clubes de provincia se convirtió en su primera lección de gobierno del fútbol. En los años por venir, se cuidaría de mantener a los asociados satisfechos y, especialmente, de cultivar sus vínculos con los delegados de las ligas de provincias. Manuel Burga Seoane (centro) es felicitado por Nicolás Delfino en la ceremonia de juramentación como presidente de la FPF. Observan los dirigentes Francisco Lombardi y Lander Alemán. Lima, 25 de octubre de 2002. Al año siguiente, exactamente el lunes 3 de febrero de 1992, la Cámara de Diputados aprobó la derogatoria del DL 695 al considerarla una intromisión política innecesaria en el deporte nacional. Un argumento importante fue que el Ejecutivo se había excedido en sus funciones de legislar sobre materia de pacificación y que el deporte excedía dichas capacidades. Esto ocurrió en un contexto en el cual el Ejecutivo y el Legislativo se encontraban en un entrampamiento: el Legislativo había derogado una serie de decretos legislativos, entre ellos el 746, sobre el Sistema de Inteligencia Nacional. Esto le quitaba al Ejecutivo un instrumento central en su estrategia antisubversiva, ya que con esta ley buscaba dejar al Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) fuera de todo control democrático (CVR, 2003, t. III, 2.3). Como respuesta, el Ejecutivo observó las derogatorias y no las promulgó. Además, para generar problemas en el Legislativo, observó también la Ley General de Presupuesto el último día del año de 1991. Esto 190
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