El otro partido

planificación nacional y la capacidad de los ministerios para formular políticas públicas (Gonzales de Olarte, 1998), por lo que algunas de sus funciones fueron asumidas desde otros espacios, como el sector privado o las organizaciones de sociedad civil y las ONG. La segunda razón tiene que ver con la naturaleza autoritaria del régimen, que le permitía aprobar leyes sin acudir necesariamente a los mecanismos institucionales formales, gracias al apoyo de parlamentarios fujimoristas y de asociados al régimen. Discursivamente, además, Fujimori dirigió una condena frontal a la clase política, con el objetivo de deslegitimar el aparato político-institucional (Pease, 1994). De esta manera se creó la imagen de que todas las entidades públicas eran corruptas e ineficientes. Fujimori movilizó una corriente de opinión que terminaría siendo favorable al autogolpe del 5 de abril de 1992. La aludida precariedad de las instituciones públicas se planteó como fundamento para declarar en emergencia diversos sectores y pasar sin seguir el debido proceso normativo que debilitaba al Estado y fortalecía el capital privado. El discurso de la eficiencia promovido por la ola de privatizaciones, el descrédito de la clase política y la adopción de algunas responsabilidades del Estado por parte de la sociedad civil configuraron las condiciones para la «apropiación» de la FPF. Se trata de un proceso caracterizado por que un sector de la sociedad civil organizada, representada por la FPF, asume las funciones del Estado en el gobierno del fútbol peruano. Si se entiende la privatización como un cambio de régimen de propiedad y de gestión del sector público al privado (Bakker, 2007), la FPF no satisface enteramente esta definición pues el capital privado no se convierte en titular de los derechos de la FPF (aunque sí sea la base discursiva que aliente este cambio). La FPF se define como una asociación civil sin fines de lucro que se financia gracias a los aportes de los asociados184. Tampoco puede ser entendida enteramente como resultado de un proceso de comercialización del fútbol, que es el cambio de prácticas de gestión sobre recursos a partir de la inserción de criterios comerciales, específicamente el sometimiento a las reglas del mercado y sus lógicas (Bakker, 2007). El gobierno de la FPF no se someterá enteramente a las reglas del mercado para desarrollar el fútbol. Estas convivirán perfectamente con prácticas clientelares que modificarán, inclusive, las condiciones de la competencia (ver más adelante el caso de los «presupuestos servilleta»). De hecho, este tipo de coexistencia puede ser resultado de un neoliberalismo que ha fallado en su promesa de fortalecer 184

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