fútbol peruano, como el de 1992, el Congreso diera las bases legales para la apropiación privada de la FPF. 1. LA CONSOLIDACIÓN DE LA FIFA Y SU MODELO DE NEGOCIO La FIFA inició un proceso de consolidación económica y política a partir del ingreso de João Havelange a la presidencia, Joseph Blatter a la secretaría general y el liderazgo de Horst Dassler —dueño de Adidas— en la reconversión de la organización. El triunfo del neoliberalismo económico a nivel internacional, que surgió con la crisis económica del Estado benefactor, y la denominada «década perdida» de los años ochenta permitieron que se cristalizara el modelo. Para ello era necesario dejar atrás las lógicas preexistentes en la FIFA, representadas por el entonces presidente Sir Stanley Rous (1961-1974), inglés, miembro de la nobleza y conocido como un hombre correcto y firme. Recordado por su trabajo como réferi y como el autor de las reglas del fútbol moderno (así enunciadas en 1938), abogaba por un fútbol que no se mezclara con intereses políticos o económicos (Jennings, 2006). En otras palabras, velaba por un fútbol que gozara de benefactores que lo sacaran adelante. Esta era una situación de aparente imparcialidad que únicamente el privilegio podía conceder y que Havelange, en su disputa por la presidencia, le haría notar. Desde sus ojos de hombre gentil, para Sir Stanley Rous no era necesario reconocer a la federación de la China Comunista ni tampoco permitir que un respetable equipo inglés como el Arsenal jugara en canchas asiáticas. Tampoco había por qué intervenir en la Sudáfrica donde el fútbol también se regía por las reglas del apartheid. Si un gobierno, en virtud de sus propias leyes, determinaba la existencia de un régimen, según Rous, no había razón alguna para que la FIFA no reconociera a su federación nacional, aún a pesar de la condena del resto de países unidos en la Confederación Africana de Fútbol (CAF) e inclusive de las Naciones Unidas (ONU) (Eisenberg, 2006). De esta manera, abogó por la no expulsión de la Football Association of South Africa (FASA). En otras palabras, Sir Stanley se negó a oír el creciente pedido de las naciones africanas y asiáticas de excluir a Sudáfrica, en un contexto de auge de los movimientos anticoloniales en estas regiones del mundo (Susa, 2015). Recordemos que, en 1966, África y Asia dispusieron de solo un 174
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