nivel nacional desarrollen su propia jurisprudencia, acomodando los mecanismos FIFA a sus propios intereses (Kistner, 2015). Así pues, fueron tres las condiciones necesarias para que este proceso se diera con la venia de los liderazgos políticos y deportivos en el Perú. Primero, la década de 1990 coincide con el crecimiento económico de la FIFA y la institucionalización del fútbol como negocio, así como del fortalecimiento de reglas internas en la organización. Esto trajo como consecuencia la implementación de un régimen transnacional que hacía valer su propia normativa por encima de los regímenes de los Estados a escala nacional. Así, la desafiliación de la FIFA aparece como la forma en la que se ejerce la coacción sobre las federaciones y confederaciones que integran de la organización. La segunda condición es la profunda crisis organizativa y económica en la que estaban sumergidos el fútbol peruano y el campeonato nacional a inicios de la década de 1990. Esta crisis se fue incubando en las décadas anteriores y se caracterizó por el desorden en los torneos de competencia y el abandono paulatino de la función reguladora del Estado en el fútbol profesional y del deporte en general. La crisis se manifestó en los pobres resultados deportivos y en la desarticulación en la organización de los torneos, como producto de la nula cooperación entre asociación, federación e IPD. La tercera condición es el avance del proyecto político neoliberal fujimorista basado en la desregulación de todos los órganos de la economía y la sociedad, y la privatización de los entes estatales; medida entendida como la mejor salida para mejorar una gestión pública caracterizada por el retraso y la incapacidad (Ruiz Caro, 2007). En efecto, el Estado debía abandonar todo tipo de participación en espacios que antes habían sido considerados de interés público. Una dimensión que también incorporó el discurso privatizador fue el sometimiento a organismos globales que permitieran que el Perú ingresara a la comunidad internacional. La citada ineficiencia del Estado y la necesidad de someterse a la nueva regulación internacional serían las bases discursivas esgrimidas para que el fútbol nacional se ajustara a la normativa FIFA, con el subsecuente abandono del control público. De esta manera, el proceso de abandono del Estado de organismos de carácter público — como la FPF, que era regida por el Ministerio de Educación y el IPD—, sumado a la institucionalización de un régimen transnacional como la FIFA, permitieron que un contexto de crisis del 173
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