de la FIFA —con una nueva lógica para organizar el gobierno del deporte —ofreció una solución acorde con los tiempos de neoliberalismo y repliegue del Estado en su rol regulador. Así como ocurrió en otros países y regiones del mundo, la FPF se convirtió en una organización que reprodujo en una escala menor las relaciones de poder que la FIFA mantenía a escala global. La estructura política interna de los organismos deportivos internacionales, como la FIFA y el Comité Olímpico Internacional, es clientelista, pues opera sobre el principio de intercambio de beneficios a cambio de apoyo político (Allison & Tomlison, 2017). Esta relación fue explicitada en 1998 por Joseph Blatter, quien durante su campaña a la presidencia de la FIFA dirigió una carta a los delegados representantes de países con menos desarrollo del deporte, a quienes ofreció «soluciones a la medida»176. Lo mismo ocurrió en ámbitos regionales. En efecto, Gianni Infantino realizó la misma oferta cuando candidateó a la presidencia de la UEFA —la federación de fútbol europeo— (Allison & Tomlison, 2017). En el caso peruano, la nueva dirigencia de la FPF recibió el voto y respaldo de los delegados de las provincias a cambio de prebendas; entre ellas, la designación en nuevos cargos, la entrega de dietas, viajes, viáticos y un innumerable conjunto de pequeños beneficios que maquillan, en general, las relaciones desiguales de poder. Encontramos tres diferencias importantes entre el «pacto de caballeros» y el «clientelismo modo FIFA». En contraste con el pacto de caballeros, la legitimidad del clientelismo en el fútbol no depende del estatus del dirigente para dominar el campo, sino de la disponibilidad de recursos económicos no personales para mantener satisfecha la demanda de los asociados. Desde una tradición que estudia al clientelismo en su variante «dura» como una dinámica reforzada por una maquinaria fuerte y de largo alcance (Muñoz, 2013), el «clientelismo FIFA» cumple ese requisito. Mientras la conducta de los caballeros es autorregulada en virtud del proceso de aprendizaje e intercambio de códigos culturales y redes compartidas, el clientelismo de la FIFA depende de una organización fuerte capaz de vigilar y mantener en el largo plazo la vigencia de los acuerdos, tanto del voto efectivo como del cumplimiento contra la entrega de beneficios. Finalmente, la lógica de la lealtad constituye también un eje de diferencia. Aquellos leales al pacto de caballeros carecen de otras alternativas para participar del campo del fútbol profesional. Dirigentes y 171
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