CAPÍTULO 4 LA APROPIACIÓN DE LA FEDERACIÓN PERUANA DE FÚTBOL: LA DÉCADA DE 1990 La FIFA es un Estado. Entonces ¿cómo puede tener el Perú un Estado dentro de otro Estado, sin regular lo que hace esta asociación, la FPF, que ha sido fundada de acuerdo a su Código Civil? Periodista deportivo, integrante de comisiones seleccionadoras, ex directivo de la ADFP175 El desorden patrimonialista de 1980 constituyó un periodo de crisis. Las constantes fricciones entre la federación, la asociación y el ente rector del deporte nacional desestabilizaron el liderazgo de los «caballeros», cuya consecuencia fue un puñado de dirigentes ansiosos por ejercer el control del fútbol profesional. Ellos, al carecer del estatus y del habitus de los dirigentes tradicionales, posicionarán nuevos criterios para legitimar su dominación. El patrimonialismo de las décadas precedentes se caracterizaba por el ejercicio irrestricto del poder por parte del «caballero», quien, a través del intercambio desigual de favores, permitía que el campo del fútbol funcionara. La legitimidad de su control se sostenía en una narrativa del honor y el amor desinteresado al deporte, lo suficientemente fuerte como para invertir de su propio peculio para mantener a su equipo —aunque esta narrativa disfrazaba la posición y acceso a recursos de los que disponía el caballero y desde cuyo pedestal podía juzgar a los «advenedizos» que no podían realizar los mismos actos desprendidos—. Así pues, sin este «acto de entrega», el fútbol profesional no podía existir. Durante los años noventa esta situación cambió sustantivamente. El caballero no era capaz de sostener un campo en crecimiento con mayores demandas de inclusión y de reconocimiento como pares de nuevos dirigentes. Tampoco podía dar prontas y efectivas soluciones a un campo deportivo desbordado. Ante esta crisis de representación, la intermediación 170
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx