Como resultado del avance del proyecto político deportivo del GRFA, como expresión de la transformación del tejido social peruano desde mediados de siglo XX, nuevos actores ingresan al campo del fútbol profesional. Se trata, principalmente, de clubes de las regiones del país y algunos limeños, que no habían participado de la conducción del fútbol hasta ese momento. Con la intervención del Estado, estos comienzan a adquirir relevancia en la década de 1970, con algunos intentos fallidos de controlar las instituciones rectoras del fútbol. Su tiempo, sin embargo, llegaría en la década siguiente. El campo del fútbol profesional sufre un gran desorden patrimonial por las encarnizadas disputas entre las dirigencias de los clubes tradicionales limeños y los clubes «de provincia», que encuentran terreno libre por el lento pero decidido repliegue del Estado. La idea del proyecto político deportivo pierde relevancia desde esta década. Aunque el Estado mantendrá el aparato administrativo para organizar y controlar el deporte, este ya no se supeditará a una idea articulada sobre el lugar que tendría que tener el deporte en la idea de nación. En este periodo, el patrimonialismo se revela en su dimensión más dura. Despojado de los artificios del «caballerismo» que lo habían caracterizado en las décadas previas, las discusiones entre dirigentes deportivos adquieren un cariz personalista. Así pues, el manejo del deporte por el «honor» y la «decencia» se pierde para dar paso a la colisión de egos incapaces de someter sus voluntades a objetivos deportivos realizables. El resultado es uno de los más sombríos episodios del fútbol nacional: sin claridad sobre quiénes serían los entes rectores, con un Estado desinteresado en regular el deporte, con clubes en bancarrota y con un país sufriendo el azote del terrorismo, el campo del fútbol profesional entra en crisis, con lo cual peligra, inclusive, la continuidad de la práctica del deporte. Sin embargo, a nivel internacional un nuevo proyecto emergía y se consolidaba con decisiva influencia en el panorama nacional. Nos referimos al fortalecimiento de la FIFA como organismo de gobernanza global del fútbol. En 1980 era evidente la dirección empresarial que el presidente de la FIFA João Havelange quería darle a la organización. La práctica corporativista y la lógica neoliberal desafían directamente a los herederos de los tradicionales dirigentes peruanos quienes, a pesar de las disputas, mantenían en común la figura del fútbol como espacio de logro fundamentalmente deportivo, sin poner atención a la dimensión 17
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