profesionalizar el deporte, Lito era de la vieja guardia y defendía los intereses deportivos nacionales y regionales primero. Havelange trabajó para convertir al fútbol en una transnacional exitosa a nivel mundial y comercializar hasta su punto máximo el deporte teniendo como financistas a grandes empresas como Adidas y su director Horst Dassler. Durante su mandato los ingresos de la copa mundial pasaron de 8 millones y medio a 273 millones de francos suizos aproximadamente (Susa, 2015, p. 134). Entonces «la FIFA pasa de una organización pequeña que se encarga más de papeleo y de administrar egos de las asociaciones miembros, al centro del fútbol mundial y del negocio que trae consigo» (Susa, 2015, p. 117). Por el contrario, Lito Salinas como dirigente de la CSF, defendía fervientemente los intereses deportivos latinoamericanos por sobre cualquier tipo de criterio comercial. En suma, lo que profesaba era una suerte de nacionalismo deportivo continental. El primer enfrentamiento sucedió por la organización del Mundial de 1986 pues, de acuerdo con lo estipulado, le correspondía ser sede a un país sudamericano. En 1982, Lito había señalado que el Mundial de España 82 había sido una estafa por su mala organización161 y tenía la certeza de que eso no ocurriría más cuando Sudamérica volviera a ser la sede162/163. Sin embargo, la FIFA despojó a Colombia de la organización del mundial por no poder cumplir con un pliego de requerimientos impuestos por la FIFA, entre lo que figuraba tener a disposición una red de trenes para movilizarse dentro del país. Frente a esto, la CSF propuso a Brasil como sede, pero la FIFA no aceptó debido a la rivalidad entre Havelange y Giulite Coutinho, presidente de la Confederación Brasilera de Fútbol (CBF). A pesar de los esfuerzos de Lito para que el mundial se quedara en Sudamérica, la FIFA terminó otorgándole a México, nuevamente, la organización del certamen en 1986164. Lo segundo fue cuando Lito y Havelange entraron en conflicto porque la FIFA despojó a Chile de la organización del campeonato mundial juvenil y se la cedió a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)165. La FIFA quería sacar ventaja del contexto de la Guerra Fría, pues jugar en la URSS podría traer nuevas miradas, potenciales nuevas afiliaciones y mayores recursos económicos que si se realizaba en América Latina. Havelange declaró públicamente que no apoyaría una nueva candidatura de Lito. Nótese que, aunque el cargo se escoge por elecciones, Havelange se refirió a él como si se tratara de una posición que solamente él podría definir: «Lo que ha hecho Salinas no tiene nombre. Es una persona que no 160
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