El otro partido

7. EL FIN DE LOS CABALLEROS: LA SALIDA DE TEÓFILO SALINAS DE LA CSF Otro golpe fuerte para el fútbol peruano fue la pérdida progresiva de influencia internacional desde mediados de la década de 1980. Hasta ese momento, el país había mantenido una posición estratégica en el gobierno internacional del fútbol por más de veinte años, mientras Teófilo Salinas fue presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF). Sin embargo, sus discrepancias con João Havelange —sobre convertir al fútbol en un negocio global— lo sacaron del puesto. Sus redes de caballeros y visión regionalista del fútbol no fueron suficientes para mantener un statu quo que iba en declive. Como país, perdimos nuestro acceso a las instancias directas de gobierno del fútbol sudamericano y nos quedamos a la deriva dentro de un nuevo esquema deportivo. Como vimos en el capítulo anterior, la intervención de Lito fue determinante en alcanzar éxitos deportivos gracias a su forma de manejar el deporte: personalista y decisiva. El respeto o temor que otras dirigencias tenían por él reforzaban su convocatoria como parte dirimente en algunos conflictos. Amparado en su oficina de la CSF, que en ese entonces quedaba en el Estadio Nacional, Salinas maniobraba el teje y maneje deportivo, y enlazaba los intereses locales y nacionales con la agenda deportiva internacional, con lo cual logró beneficiar al Perú en varios aspectos deportivos. A mediados de siglo XX, la CSF había ganado un peso central en el gobierno del fútbol mundial. Durante el periodo de las guerras mundiales, fue la CSF la instancia que ayudó a la FIFA a sobrevivir, ya que los países del Viejo Continente estaban literalmente destruidos por el conflicto bélico. Luego de la guerra, mientras la FIFA se concentró en reflotar el fútbol europeo, la CSF tenía vida propia y subsistía. El boom económico de la región latinoamericana entre 1950 y 1970 moldeó el fútbol de esta zona y lo convirtió en «parte fundamentad de la identidad de los latinoamericanos» (Susa, 2015, p. 99). Además, Lito fortaleció la posición de Sudamérica con el apoyo de su colega João Havelange, como presidente de la FIFA. Sin embargo, las buenas relaciones entre Salinas y Havelange se quebrarían en 1986, luego de un fuerte enfrentamiento que exacerbó sus desencuentros respecto al camino que debería seguir el fútbol en el mundo. En efecto, mientras que Havelange quería comercializar, globalizar y 159

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