El otro partido

fecha» (el club que organiza un partido en su sede) tenía la potestad de establecer el día, la hora y el lugar. Así, cuando Alianza Lima anunció que jugaría el clásico un domingo a las 8 de la noche, la hora se sobreponía a la establecida por las escuadras de Bolognesi y Melgar, que tenían que cambiar de horario para no competir con el clásico. Alberto «Pato» de Souza Ferreira, entonces dirigente de Alianza Lima, «manifestó que su posición era invariable debido a que jugar en otro horario era atentatorio contra sus intereses económicos por el intenso calor reinante en nuestro medio, salvo que la Asociación le garantice el íntegro de la taquilla»144. Además de la clara discordia deportiva entre los clubes limeños y los de provincias, existía también un trasfondo económico. En estos años, la forma de distribución del dinero recaudado por taquilla estaba en plena discusión. Al principio, cuando la mayoría de los clubes era de Lima y los partidos se disputaban en la capital, los ingresos se distribuían más o menos equitativamente, luego de pagarse los tributos municipales y las cuotas de la asociación. Sin embargo, este principio fue cuestionado a medida que el Descentralizado incorporó a más clubes de provincias. Una facción de clubes tradicionales abogaba por que el club que jugara de local cobrara el íntegro de las taquillas. Sin embargo, esta dinámica era desproporcional, pues la capacidad de los estadios en Lima es mayor que en las provincias, por lo que los partidos fuera de la capital estaban destinados a recaudar una taquilla inferior. Otra variable era la sede. Existía una jerarquía sobre los estadios en los que se podían realizar los partidos, que, en teoría, se tenía que asignar por orden de mérito (quien tenía más puntos se llevaba la mejor plaza). Pero cuando el equipo líder tenía que jugar un partido contra un equipo pequeño y el mismo día se tenía programado un clásico, la asignación proporcional quedaba postergada, así como también la elección de las sedes. De ese modo, la disputa por la taquilla y por la sede fue también escenario de contestación entre los clubes limeños y de provincias, constantemente discutida todos los lunes en la sede de la ANFP, cuando se hacía la programación de la semana. Esta negociación fue representada por un ex dirigente de un club provinciano con dos poderosas imágenes: el mercado, por las transacciones; y la «trompeadera», por la forma en la que esta se desenvolvía. Entonces, había cierta tensión en las negociaciones que se hacían los lunes ¿cómo te articulabas? ¿Qué proponías? El tema es complejo, todos los lunes, una trompeadera (…). Yo aprendí a negociar ahí. ¿Qué pasaba? Yo para ir a las 7 de 153

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