dirigente del club Unión Huaral: «ellos [los clubes tradicionales limeños] no se habían imaginado que estos equipos iban crecer por el sentimiento regionalista, pero siempre con mecenas» (entrevista, 25 de agosto de 2015). Los nuevos dirigentes mantenían la misma lógica patrimonial que los dirigentes limeños tradicionales para gestionar sus clubes, tal como lo ilustra un ex dirigente de Alianza Lima: Los clubes tenían mecenas. (…) Sport Boys con Alberto Levy, (…) Centro Iqueño con Alfredo Jan, el médico (…) Mariscal Sucre con Carlos Cárdenas (…) Defensor Lima con Luis Banquero y después entró Federico [Uriarte] (…) Ackermann y los Ode del Municipal que eran árabes, (…) Sporting Cristal era de los Bentín, todos los clubes tenían mecenas (…) Nicolini era del Defensor de Arica, pero luego fue el más grande benefactor de la U (…) Miguel Pellny, también el mecenas de Universitario de Deportes (entrevista, 12 de junio de 2016). El surgimiento de nuevos dirigentes en la ADFP y sus victorias en el Torneo Nacional los fortalecieron y permitieron desafiar el reinado de la dirigencia limeña de los clubes tradicionales en los cargos de dirección del deporte. La primera disputa ocurrió en 1977, cuando el gobierno militar intentó intervenir en la asociación. Los dirigentes limeños, al ver la supremacía de los equipos de provincia, decidieron no poner resistencia a la intervención y, frente al atropello sufrido, los clubes de provincia eligieron a Marcelo Allemant (Club Deportivo Municipal) como presidente de la asociación137. En la elección de 1978 ocurrió algo similar: los clubes tradicionales postularon al senador Rafael Eguren como presidente y a Alfonso Souza Ferreira como vicepresidente de la ADFP. Conocidas las pretensiones políticas de Eguren en el gobierno nacional, Fausto Alvarado, dirigente del Club Unión Huaral, postuló a la vicepresidencia, cargo que obtuvo. Como era previsible, Eguren abandonó el puesto para intervenir en la Asamblea Constituyente de 1978, dejando a Alvarado la presidencia de la asociación138. La segunda confrontación sucedió en 1980, cuando los clubes provincianos postularon a la directiva de la asociación una lista que no incluía a dirigentes de clubes limeños. Ante este hecho, los equipos capitalinos decidieron separarse de la asociación y conformar una Asociación Metropolitana (AM) paralela a la ADFP. El campeonato que implementó la AM se jugaba en cuatro ruedas solo con seis equipos y 151
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