El otro partido

durante el GRFA, en los años setenta, para que los clubes no se perjudicaran económicamente con el préstamo de sus mejores jugadores. Que la ley del deporte simplemente enunciara que el préstamo era obligatorio no era garantía del cumplimiento. Además, los mejores jugadores peruanos que jugaban en el extranjero requerían una cláusula en su contrato en la que sus clubes manifestaran su la obligación de cederlos a la selección antes que empezaran las Eliminatorias. Para evitar este problema, en setiembre de 1988, la FPF canceló los pases a cuatro jugadores que estaban siendo solicitados por equipos extranjeros, hasta por lo menos la ronda del premundial, lo que ocasionó el enojo justificado de los jugadores130. Mientras en el gobierno de Velasco no se permitía nacionalizar jugadores, en esta nueva etapa, los futbolistas peruanos no podían jugar en el extranjero. Uno de los afectados, el volante Juan Reynoso (Alianza Lima), quien tenía una oferta para jugar en el Club River Plate de Argentina, comentó: Yo creo que, si se presenta la oportunidad de buscar un mejor porvenir, no se puede cortar. Para mí sería muy beneficioso jugar en un medio donde hay mejor retribución económica. Si la federación decide aprobar que no se hagan transferencias al exterior, nos estaría perjudicando (La República, 7 de setiembre de 1988). A pesar del trabajo de Fernández con los jugadores preseleccionados, el representativo nacional perdió el amistoso con Paraguay en setiembre de 1988, con lo cual mostró baja calidad en el juego. En diciembre de ese año, el equipo estaba cansado porque los jugadores estaban físicamente exigidos entre las labores con la selección y los partidos con sus clubes que se retrasaron y acumularon del Campeonato Regional Descentralizado. Además, no contaban con un entrenador oficial. A inicios de 1989, la selección tuvo un mal desempeño en la Copa Centenario —cuadrangular en el que también participaron Chile, Colombia y Armenia—131, evento en el que empató vergonzosamente con la selección juvenil de Colombia. La responsabilidad política cayó sobre el comandante Carlos Castro, presidente de la Comisión Seleccionadora. Gerardo Maruy, por entonces presidente del IPD, lo criticó crudamente: «¡Basta de papelones!», fue su declaración al diario La República ese febrero, la cual se convirtió en titular. Recién en marzo de 1989 la comisión contrató al brasileño José Macia «Pepe» como entrenador. Por su parte, Fernández, decepcionado con el poco reconocimiento a su trabajo, renunció al cargo de asesor. Pese a que 148

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