1-0, logro opacado por las tres tarjetas amarillas a José Manuel Velásquez, Julio César Uribe y Juan Carlos Oblitas. Con ello, tres importantes jugadores quedaban fuera del tercer partido que se disputaría en Lima, otra vez ante Colombia. El resultado: un tibio embate por 0-0. La falta de goles aceleró la crítica de una opinión pública tensa y nerviosa. Para mala suerte del director técnico Barack, Teófilo Salinas, quien era aún presidente de la CSF y cuyas opiniones gozaban de un profundo impacto en la crítica deportiva, lo acusó de promover «argollas» dentro del seleccionado, por dar prioridad a los jugadores veteranos115. De hecho, Barack no contaba con el favor de los caballeros. Un ex dirigente de la ADFP, miembro de la comisión seleccionadora para el Mundial de 1986, recuerda que él fue quien sugirió la incorporación de Barack como DT de la selección, pues tenía un buen historial con el Club Unión Huaral, con el que salió campeón en 1976, siendo el primer club provinciano en llevarse el Descentralizado. Pero esta propuesta también atendió al costo, ya que un entrenador peruano era sustantivamente más barato que uno extranjero. En suma, considerando el contexto de recortes presupuestales, Barack era la mejor opción disponible en la relación calidad-precio116. Sin embargo, la inconsistencia de los resultados durante la eliminatoria hizo que un grupo al interior del comité seleccionador dudara de la elección del DT provinciano. La influencia de Salinas llegó a Luis Vargas Hornes (aún presidente de la FPF), Jorge Quiroz (su vicepresidente) y Miguel «Lito» Vargas (presidente de la comisión seleccionadora). El 10 de junio de 1985, al día siguiente del empate con Colombia, convocaron a una conferencia de prensa en un chifa y comunicaron la «renuncia» de Barack, quien se enteró de la noticia en la cabina de RPP, en donde iba a ser entrevistado117. A solo seis días de jugar el antepenúltimo partido de las eliminatorias, esta vez ante Venezuela, el caos se desató. La comisión seleccionadora nombró a Roberto Challe, asistente de Barack, como entrenador interino, mientras trataba de cerrar un acuerdo con el ya veterano Marcos «Oso» Calderón, quien rechazó la oferta por el maltrato que había sufrido cuando estuvo delante de la selección en la década anterior118. La segunda opción, José Fernández, también rechazó la invitación. Había un sentido de solidaridad entre los DT peruanos que sentían que habían sido maltratados, tanto por los medios como por los dirigentes. Además, cualquiera que haya dirigido un equipo sabía que se trataba de una misión suicida: recoger un 143
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