El otro partido

problemática poco explorada que coloca en relevancia las prácticas de los actores que dan forma a las lógicas «rutinizadas» de gestión deportiva. La investigación que presentamos en este libro es la primera que aborda la dimensión institucional del fútbol peruano como objeto principal de estudio. Postulamos que, a lo largo del siglo XX, esta dimensión no ha podido escapar de la política personalista presente en diferentes proyectos políticos deportivos. A pesar de los grandes cambios de las estructuras económicas y sociales que, en las últimas décadas, han cambiado el rostro del Perú, el fútbol ha seguido operando mediante un sinnúmero de relaciones de amistad, de intercambio de favores y de una gestión deportiva opaca y sin transparencia. Lamentablemente, este es un rasgo de larga duración con sus obvias expresiones de coyuntura o periodo histórico. De allí la importancia que damos al patrimonialismo como concepto que explica la relación de dominación entre los dirigentes deportivos y los clubes, selecciones y organizaciones deportivas. Relaciones que se enmarcan, reajustan y resisten ante distintas reformas emprendidas en el marco de proyectos político deportivos a lo largo de la historia, una relación que estructurará el campo del fútbol profesional en el Perú. PATRIMONIALISMO Y PROYECTOS POLÍTICO DEPORTIVOS EN LA FORMACIÓN DEL CAMPO DEL FÚTBOL PROFESIONAL A lo largo de la historia, las sociedades se han organizado alrededor de distintas formas de dominación. Según Max Weber (1974), uno de los sociólogos pioneros en teorizar el tema, la dominación se entiende como la probabilidad de encontrar obediencia en un mandato determinado, dinámica que se construye a partir de la legitimidad que mantiene al grupo dominante en cierta posición. Tal «superioridad» se puede justificar en narrativas éticas, formativas, de mérito, entre otras, que justifican la condición de privilegio de la élite. En el caso peruano, por ejemplo, luego de la Independencia, las élites limeñas esgrimieron una narrativa sobre su propia «decencia», que les sirvió para mantener sus privilegios y permanecer inmunes ante la aplicación de las nuevas leyes o narrativas que obviaban diferencias sociales (Whipple, 2013). En esta lógica, el patrimonialismo es una forma de dominación tradicional en la cual los derechos de origen político, relacionados con lo público, son tratados como si fueran derechos privados. Las virtudes que 12

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx