El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

99 vilizados»; «los indígenas semicivilizados o degradados por la servidumbre y el alcoholismo» y, por último, «los salvajes». Hace solo tres años, comuneros nativos de la sierra y selva norte del Perú se levantaron para reclamar su derecho a la consulta respecto a la intromisión arbitraria de las empresas petroleras en sus territorios. El primer mandatario de la nación en ese entonces dijo: «Ya está bueno: estas personas no tienen corona, estas personas no son ciudadanos de primera clase… y quien piense de esa manera quiere llevarnos a la irracionalidad y al retroceso primitivo». Si este tipo de posturas quedaran en la mera enun- ciación, solo sería una discrepancia de ideas, pero lo sucedido en relación con el territorio y las identidades de los pueblos ha tenido contundencias descomunales. Para dar un dato: se calcula que la población mundial en el año 1500 era de aproximadamente 400 millones; de estos, 80 millones habitaban las Américas. A media- dos del siglo XVI, luego de la invasión, solo quedaban 10 de esos 80 millones. Esto sin hablar de las formas de exterminio, de la depredación de la naturaleza, de la desaparición de las culturas o de los desplazamientos forzados de las poblaciones. Desde una supremacía aparentemente indiscutible, se ha ido generando una suerte de prohibición a la di-

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