El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
95 ted me ha dicho algo que yo ya sabía; y cuarto, tenga la bondad de soltar a mi perrito. Lo que pasa es que —desde fuera— suele casi in- conscientemente tomarse a la población rural como si- nónimo de atraso. Y este es un prejuicio atávico repro- ducido con fervores dignos de mejores causas. Porque si se tuviera siempre en cuenta el valor de las diversidades y la extraordinaria sabiduría que anida en nuestra tierra, se enaltecería con creces el respeto y la consideración de lo auténtico. Ocurre que situaciones como esta, tan aparente- mente risibles como profundamente dramáticas, se han dado de diferentes formas y en distintas épocas a lo lar- go y ancho de nuestros pueblos. Un 5 de setiembre de 1877, Tasunka Witko fue ase- sinado a punta de bayonetazos. Él fue jefe de los Sioux Oglala, un pueblo indígena de América reconocido por el coraje de su gente. Tasunka Witko fue conocido como visionario y se dedicó a la conservación y defensa de las tradiciones de su pueblo. Por eso decidió, a mediados de 1800, enfren- tarse a los blancos para recuperar sus tierras y expulsar a los buscadores de oro y a los cazadores de búfalos. Fue ganando batalla tras batalla, hasta obligar al gobierno de los Estados Unidos a firmar el tratado de paz del Fuerte Laramie en 1868, que proponía territo-
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