El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

87 gigabytes de sabiduría en cada recodo de los caminos y en cada fogón agrario. De muchos modos el problema no es que las poblaciones rurales lean mal, sino que — probablemente— quienes accedemos a estos territorios no escuchamos bien. Y entonces suelen aplicarse medidas que, por nove- dosas, dan buenas fotos pero malos derroteros. Cito un caso: ¿por qué se promocionan los grupos según edad o supuestos intereses, si las comunidades son, precisa- mente, unidades comunes? En nuestros caseríos, por ejemplo, los ancianos siempre estuvieron rodeados de jóvenes y de niños, porque así se garantizaba el respe- to y la permanencia generacional del conocimiento; la juntura resultaba siendo una regeneración constante, un mutuo enriquecimiento. Si ahora se les separa tanto, ¿qué mañana puede esperarle a un niño sin ayeres? «¡Biblionectarios» del mundo, uníos! Hace ya muchos años, con Juan Medcalf —el entra- ñable compañero que comenzó a formar las primeras bibliotecas rurales de Cajamarca— íbamos caminan- do en el campo, de una provincia a otra, con nuestras alforjas cargadas de libros. Llevábamos por lo menos unas diez horas caminando y estábamos en una cuesta

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