El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
76 llos de indias en los que se experimenten las vacunas del próspero descalabro. Recuerdo haber leído lo que algún experto había es- crito en una pared: «Si buscas una mano dispuesta a ayudarte, la encontrarás al final de tu brazo». Segura- mente una contienda decisiva es encontrar el torque de nuestras capacidades como sociedades civiles, como co- munidades. Como dice el filósofo Ordine, «El mundo es solo una escuela de indagación. Lo importante no es quién llegará a la meta, sino quién efectuará las más bellas carreras». Ética bibliotecaria Hace ya muchos años, un amigo mío que trabajaba de capellán en un hospital psiquiátrico me contó que, en una ocasión, había pedido a los internos que dibujaran el rostro de dios. Casi todos hicieron sus dibujos como los moldes mandan: de barba y cabello largo, blanco, con semblante paternal, inmutable, soltero y sin com- promisos. Pero uno lo había dibujado distinto: dios te- nía los ojos de estupefacto, era completamente rojo y tenía la boca tapada con una mano. Cuando mi amigo le preguntó por qué lo había hecho así, el loco le con-
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