El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
75 del coloniaje moderno ya no se pone el cepo, pero igual nos tuercen la cerviz; ya no hay azotes en plaza pública, pero en pantalla pública se flagela la dignidad de la gen- te y se sojuzga la imaginación de los niños. Si hay una función política primaria en el quehacer bibliotecario, esa es disolver el coágulo medular de la dominación colonizadora. Esto implica la deconstruc- ción de los engranajes y las prácticas arbitrarias. Las propuestas no pueden hacerse a partir de los vicios esta- blecidos. Uno de los mayores desmontajes tiene que ver con las palabras que se utilizan, con las definiciones que las tecnocracias externas implantan y maniobran. Porque, en efecto, si la construcción de los discursos reproduce la concepción que se tiene del mundo, sus ordenanzas se multiplican en las relaciones sociales y se reimprimen en sus aplicaciones prácticas. Como dijera el psicólogo Abraham Maslow: «Si tu única herramien- ta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo». Las iniciativas ciudadanas no pueden caer en el juego de ser calcos y copias del sistema que precisamente cues- tionan, porque no están empujadas por comedimientos subalternos, sino impelidas por la fuerza de su majestad silvestre. En las comunidades no necesitamos miradas que suplanten nuestros ojos; no tenemos que ser coneji-
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