El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

73 decisión de hacer nuestros propios libros, rescatando los saberes de las comunidades. Este quehacer de la Enciclopedia Campesina no cesa. Queremos abrazar los conocimientos de todo el mun- do, pero con brazos propios, sin los guantes blancos que suele imponer la adquisición objetalista del cono- cimiento primigenio. Porque —como insistimos siem- pre—, no se trata solo de leer, sino en nombre de qué causa leemos, de cómo esta lectura puede ser consistente con el ambiente en el que anida y con el mañana que queremos. Los libros pueden tornarse un decidido fermento de la sapiencia. Hacerlos es una forma de revertir las inva- siones y de honrar la humilde y portentosa fuente que nos heredaron nuestros mayores. Así, la lectura es una zaranda que nos permite cribar todo aquello que ferti- lice esta propia fuente. La naturaleza de los libros no puede ser ajena a la naturaleza de la gente. La tierra, el agua y todo el am- biente no constituyen una estación de servicios; el há- bitat no es un conjunto de cosas para la satisfacción del consumo; el territorio no es un inmueble surtidor de combustible fósil: la tierra es la bienamada madre a la que estamos enlazados. Y los libros pueden revelar la dimensión de ese milagroso cordón umbilical gracias al cual estamos vivos.

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