El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

64 de otro modo, mal haríamos en perseguir espejismos en lugar de avivar nuestro propio oasis, en nuestro pro- pio territorio y con nuestra propia gente. A menos que seamos felices dentro de esta máquina de dejar hacer y dejar perder y dejar pasar. Se trata de tomar en cuenta la pregunta que hace un genial filósofo y cantautor colom- biano: «¿Cómo lo ve, don Gregorio, la cucharita ónde fue a parar…?». Don Antonio Vílchez, bibliotecario de la comunidad de San Isidro, me contaba hace un tiempo de aquel ma- yorcito, ya ciego, que escuchó a sus hijos conversar con los ingenieros diciendo que no iba a llover y el año iba a ser muy malo. — ¡Déjense de decir zonceras!— tronó el mayor—: ¡llévenme a la laguna que quiero preguntarle a las ara- ñas de las ineas 5 ! Lo llevaron cargado hasta la pequeña laguna y pidió que miraran a qué altura habían tejido las arañas sus te- las. «Están muy arriba, casi en las puntas», le dijeron sus hijos. «Entonces va a haber muchísima agua. ¡Siembren todo lo que puedan!», sentenció el viejo. Los ingenieros movieron la cabeza; el viejo era analfabeto. Y las arañas 5 Enea o junco de estera. Anea, espadaña, junco, bayunco o toto- ra.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx