El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
63 versos fueros, de la matemática a la geografía y de la es- tética a la literatura. Alguna vez leí un grafiti que decía: «Un gran historiador es una persona que tiene una gran memoria... y espera que las otras personas no la tengan». La memoria está en el núcleo de la identidad de los pueblos, pero hay que abrir el núcleo, porque la crónica legal es como un blindaje que lo asfixia. De ahí el valor de la mayéutica, el arte de ayudar a parir, de hacer emer- ger lo entrañable. Porque el recuerdo no tiene que ser sujeto de dominio cuando tiene la independencia del corazón comprometido y el vigor de la mentalidad in- dómita (valga la ocasión para hacer un reconocimiento público a las ardillas: al parecer, ellas sí tienen un olvi- do fecundo, porque como no siempre recuerdan dónde han enterrado sus nueces, son responsables, cada año, del nacimiento de cientos de miles de árboles). De alguna forma, los recuerdos son una semblanza que se escribe constantemente: no son una etapa pasa- da, un acontecimiento de los tiempos idos, porque la reminiscencia los actualiza, la evocación los despierta. Y cuanta más emoción haya tenido el recuerdo, más per- durable es su presencia, más potente es su resurrección, más vigente es su causa. Es decir, mal haríamos en embobarnos con las aje- nizantes novedades del consumo, si en nuestro propio patio está el raigón que nos ha hecho posibles. Dicho
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