El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

54 Recuperar los cuentos significa recomponer los vín- culos que se han ido disgregando con la modernidad. En sociedades urbanas en las que va primando la indi- vidualidad y en las que hasta el saludo resulta extraño y la conversación un bien ausente, el cuento reivindica la épica colectiva y la familiaridad originaria. Y en el campo hay mucho que contar. No solo desde la vida cotidiana, germinadora y heroica por sus esfuer- zos de sobrevivencia, en donde la cultura no es un artí- culo de consumo, sino que también es parte de la tradi- ción heredada: contamos cuentos vivientes, no cuentas de mercaderes. No podemos concebir la tradición oral como un apéndice superestructural, porque los pueblos no solo estamos hechos de tierra: también estamos hechos de cuentos. En el campo lactamos decires y epopeyas, rela- tos y leyendas. Probemos con cada uno de nosotros: a veces no al- canzamos a recordar ni la enésima parte de aquello que nos instruyeron en la escuela, por muy cautivos que hayamos estado en el aprendizaje. Pero el cuento tiene la propiedad de la adherencia, el apego querendón de la añoranza grata, la insistencia seductora de la palabra abrazada. Leer es también contar. Y contar significa interlocu- ción, interactuación, interpelación. De modo que mal

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