El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

55 haríamos en beneficiar la propensión de los lectores al encuentro de las computadoras cuando no hemos ab- suelto la consolidación del diálogo humano, del en- cuentro personal, de la comunicación grupal. El libro no debe ingresar al campo como otra nueva tecnología, sino como el andamio orgánico de los sabe- res propios. El libro no debe ingresar al campo como ostentoso sinónimo de solvencia económica, sino como humilde heraldo de la generosa y gratuita tradición oral. El libro no debe ingresar al campo como paliativo edu- cacional para los relegados de siempre, sino como leva- dura para las luchas sempiternas por la vida. Que el leer sea histórico y no inmediato, que realce los valores de quienes crecen escuchando que no valen. Que la intimidad del leer nos catapulte a las mayorías. Que alimentar el ánimo con la lectura sea tan vital como indispensable es el pan de cada día. Esto significa acabar con las agendas que nos restrin- gen. Porque —como amar— el cultivar la lectura en nombre de una causa justa implica dedicación, necesita destipificar la promoción del leer como una mera ac- tividad; implica apegos y desapegos, requiere entrega, demanda estar resueltos. Valdrá la pena preguntarnos si trabajamos para la co- munidad o si somos parte de ella. Valdrá la pena saber si solo cumplimos una función profesional o si estamos

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