El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

50 Promover la lectura de libros es dotar a las poblacio- nes de otra fuente de lectura. Otra fuente que no puede pretender suprimir las ya existentes, sino contribuirlas, afianzarlas, sobre todo cuando esta se da en relación con poblaciones cuya filiación ancestral con la naturaleza ha generado culturas extraordinariamente lectoras del en- torno, de lo objetivo y lo subjetivo. Pero, además, en poblaciones relegadas, la lectura de los textos es también una contribución política para el conocimiento de la historia que las ha relegado y el re- conocimiento de los derechos que las asisten. La promoción de la lectura, entonces, no es un servi- cio sino la reivindicación de un derecho postergado, la conquista de un bastión negado, la recuperación de un valor esquivo. Y antes de que el «lector rural» aprenda a congeniarse con los libros, el promotor ha de haber aprendido a leer las calles y las plazas, los villorrios y los campos, los cul- tivos, los fogones, las carencias y las ansias. Así, si leer es cosechar, promover la lectura es sem- brar. Sembrar las ganas de encontrarse con el libro y con la libertad de leerlo; sembrar el deseo de develarlo y la urgencia de compartirlo; sembrar la furia de descubrirlo y el deslumbre de comprenderlo. Leer es también sembrar la evidencia de que la pre- via lectura del mundo no ha sido vana. Porque no se

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