El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
48 principal del gran desastre (…) está en que la mayoría del Perú la forma una raza abyecta y degradada». Quizá el maestro José María Arguedas tenía razón cuando ponía en boca del loco Moncada aquella expre- sión lapidaria: «¡Ahora comprendo que la enfermedad viene de la inteligencia!». La promoción de la lectura define, en gran medida, el lado de la historia en el que nos ubicamos. No se pue- de ser neutral porque la lectura tampoco lo es. Ignorarlo es tomar posición del lado de quienes intentan ocultar esta realidad para impedir que pueda ser transformada. Promover la lectura es adherirse a las realidades y a las expectativas de las poblaciones. Más aún, la moti- vación de la lectura ha de ser un reflejo de las capaci- dades de decisión, de los intentos de apropiación y de las búsquedas genuinas de las propias comunidades, de quienes la asuman como una herramienta para seguir aprendiendo desde su mismo contexto. No aprender a leer por leer, sino en la procura de aquel abono que incremente el discernimiento desde la propia cultura, en el amacolle de una fronda desde las propias raíces. No creo, particularmente, que pueda promoverse la lectura sin absolver el porqué y el para qué. Y, en conse- cuencia, el cómo.
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