El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
33 des de papa nativa cultivadas que aún ahora tenemos y compartimos. El maíz también fue criado, porque solo y sin las ma- nos de los comuneros no puede hacerse de más familia. Nuestros abuelos lograron criar más de cincuenta tipos de maíz, otro tanto de frejol y decenas de flores, frutas, cactus, tubérculos, ajíes, cucurbitáceas, zapotes y camé- lidos, cuyes, patos, chinchillas y cochinillas que han he- cho más de lo que se pinta para aliviar el hambre, el frío o la falta de colores y sabores en el mundo. Durante miles de años de filiación carnalizada se pudo aprender que no hay libro abierto más rico que la tierra, donde está escrito el movimiento del tiempo y del viento, el camino de la lluvia y de las sementeras. Y que no hay mejor manera de leerla que respetándola, caminándola, conociéndola, sin perder jamás el paren- tesco esencial que nos une a ella. Concepción y perspectivas Pese a todo lo ocurrido durante la conquista, fueron las propias comunidades originarias —amparadas en su imperecedera capacidad de crianza—, las que in- corporaron después al trigo y a la guitarra, a las ove- jas y al arado, a los caballos y a la cebada, probando y
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