El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

20 rreteras de acceso, sino porque tampoco contamos con vehículos: la Red se ampara en la capacidad orgánica de la población. El servicio de lectura no cuenta con especialistas para su promoción, aunque la capacitación en los diversos te- mas que corresponden a nuestro quehacer es intensiva. En un área aún azotada por el analfabetismo como tal y por desuso, el comunero que sabe enseña al comunero que no sabe. Eso evita, en gran medida, que los adultos se cohíban en sus esfuerzos de aprendizaje, como ocurre cuando los agentes de alfabetización no pertenecen a la comunidad. En tanto la lectura está supeditada al ritmo de vida agrícola, aunque un miembro de la casa pueda haber sido elegido bibliotecario, toda la familia asume la res- ponsabilidad de esta tarea. Así ocurre que la mamá o los niños, mientras el padre debe cumplir con las tareas de labranza, suelen ser los más enterados de los contenidos de los libros y del quehacer de la lectura en la comuni- dad. La lectura, en consecuencia, también es colectiva: los círculos que se organizan implican que un miembro del grupo lea en voz alta rodeado de muchos «lectores oyen- tes», como se les llama en el campo. Pero también ocu- rre que la participación se diversifica, porque aquellos que no saben leer suelen ubicarse lo más cerca posible

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