El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

153 las filiaciones no cooptan sino confluyen, como cadenas interminables de genes comunitarios. El propietarismo comienza cuando una hebra se desprende del tejido y entonces se trastoca en dominio, posesión, feudo, colonia. Aunque territorio es un con- cepto sumamente polisémico, es importante resaltar el derecho de acogida y aclimatamiento, el principio de la querencia y la íntima relación de pertenencia mutua, simbiótica e interpenetrada de las comunidades con su ambiente. Este frágil enhebramiento de heterogeneidades, em- patías y relaciones —como lo he señalado en algún mo- mento—, dista sustancialmente de conceptos acapara- dores y mezquinos. La percepción que las comunidades campesinas o indígenas tienen del territorio, por ejem- plo, se distingue radicalmente del codicioso extractivis- mo que pueden tener o tienen algunas empresas. Para el usurero, los recursos deben sacarse y lucrarse. Para los «adheridos», el «nosotros» ni siquiera concibe la noción de recurso. Así, podemos dilucidar interminablemente con los mismos significantes, pero distanciados primordialmen- te por distintos significados: en la medida que no te- nemos las mismas matrices ni los mismos intereses, no hablamos los mismos lenguajes, aunque el idioma sea el mismo.

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