El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

152 ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños»; y también afirmaba: «Todo cuanto está en la existencia se encuentra en tu esencia, y todo lo que está en tu esencia se encuentra en la existencia». De modo que no solo es el afecto humano el que nos forma, sino también el cariño del entorno. Quizá por eso en la propia lengua española, la palabra «humano» procede del latín arcaico Humus , que significa «tierra»; y en la antigua raíz indoeuropea la palabra para «ser hu- mano» es Adamah , de donde viene el nombre de Adán. En la lengua quechua, el útero de las hembras se llama pacha , que también significa tierra. Cuando una mujer está encinta le decimos pachayuq , la que tiene el mundo adentro. Por eso las llamadas momias que se en- cuentran en los antiguos entierros de los Andes han sido colocadas en posición fetal, porque estaban volviendo al lugar del que vinieron. Y en lengua aimara, para decir «Yo mismo», se dice Nay pacha , que significa «Soy tie- rra». De manera que territorio no solo es arraigo, sino so- bre todo la necesidad de criar y ser criado. Cada lugar es un cosmos espacial/afectivo. Cada lugar es un tejido de tejidos. El territorio resulta siendo una urdimbre de afectos, el cariño acendrado en los entornos y con los entornados. Y se acrecienta sin límites porque está liga- do a la emancipación de los vasallajes en la medida que

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