El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

150 a un canon y solidifica al significante. El lector es in- térprete, desentrañador y recreador de significados a la luz de su existencia. El cifrador se queda con lo que le describen; el lector se apasiona con lo que descubre, se indigna con lo que desenmascara y se asombra con lo que revela. No se aturde con la etiqueta publicitaria y está en condiciones de etiquetar al que le quiera vender gato por liebre. Que una cosa es aprender el mecanismo del abeceda- rio y, otra, la inspiración de su armadura. Un lector, lo que se llama lector, es per se, más que antihegemónico: es no hegemónico. Es decir, escapa y no legitima la cár- cel imperial. Leer es la lima que asierra los barrotes de las trampas oscurantistas y las celdas colonizadoras. Leer es indocilidad, porque se lee lo aparente y lo subyacente, al derecho y al revés; es decir, subvierte. El lector, para serlo, requiere de dos componentes innego- ciables: el entusiasmo lector, que no es otra cosa que la pasión por leer; y el asombro, la capacidad de abrirse y dejarse iluminar por los mundos que se descubren. Si además podemos elegir aquello con lo que nos ilumina- mos, seremos capaces de proyectar luces y avizorar ca- minos. De modo que leer es útil, en verdad, para seguir andando, para seguir buscando y para seguir creciendo.

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