El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

149 Mi esposo ha leído mucho, ha leído extensa y profundamente, ha leído entre los blancos y es listo como los blancos y la lectura ha matado a mi hombre: en las costumbres de su pueblo se ha vuelto un muñón. La historia de la lectura y la escritura es también una historia del poder, pero, a la vez, una historia de la li- bertad. Porque leer, lo que se dice leer, es un acto sal- vaje, porque es un trance entrañable. Leer es emoción y conmoción. Leer es ascético, cinético, estético, ético, mimético, herético, magnético y energético, para más señas (también se le puede agregar lo dietético, si uno quisiera). Ocurre que saber leer y escribir no nos convierte en lectores y escritores. En este sentido, la escuela alfabeti- za, pero no culturiza. Enseña la mecánica de las letras, pero no la dinámica de la lectura. Se forman cifradores de textos, pero no lectores de mundos o comprendedo- res de entornos. Es decir, aprendemos a leer, pero no a ser lectores. Y salimos de la escuela como escribientes, pero no como escritores. El cifrador se limita a ponerle sonido a las letras y a certificar el significado oficial de lo que lee, obedece

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