El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
144 lante. Su vibrante origen dinámico derivó en fenómeno estático. En los últimos dos milenios, probablemente, esta síntesis implicó una paulatina reducción de las imáge- nes y una obligada rigidez de los vocablos. El texto se in- dependiza del mundo y la imagen deriva en una acústica definitoria. Así, el ánimo del cosmos se fue enfrascando en el planisferio de los diccionarios. Tal vez así se comprende por qué cuando Fedro con- duce a Sócrates —iletrado, por cierto— a las orillas del río Iliso, el filósofo se muestra tan patidifuso en medio de la naturaleza que Fedro le dice: «Sócrates, podría de- cirse que eres un extranjero, o seguro que no has salido jamás de Atenas, que nunca has dado un paseo fuera de sus murallas». Sócrates, en lugar de deplorar su en- claustramiento ultracitadino, dice en su defensa: «Así es, amigo mío, pero es porque quiero instruirme. Los campos y los árboles no me enseñan nada, y solo dentro de la ciudad puedo sacar partido del roce con los demás hombres». Como si eso fuera poco, la apropiación del lenguaje codificado por parte de los poderes instaurados, hizo de la letra un instrumento al servicio de las supremacías, tornándola hostil incluso con sus propias raíces. Tal vez así puede también entenderse por qué la escuela enseña discriminando.
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