El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
141 es imposible imaginar la diferencia que existe en- tre el hombre salvaje y el hombre civilizado; es mucho mayor que la que hay entre un animal sil- vestre y otro domesticado. (…) Estos fueguinos pertenecen a una raza muy distinta de la estúpi- da, miserable y ruin que se encuentra más hacia el oeste… Y al conocer a los yaganes, anotó en su diario: «nun- ca había yo visto criaturas más abyectas y miserables (…) Cuando se los ve, cuesta trabajo creer que son seres humanos, habitantes del mismo mundo que nosotros». Diversas investigaciones han desmentido las afirma- ciones agudamente prejuiciadas de Darwin, e incluso parece ser que —aun sabiendo que eran falsedades—, decidió usarlas para beneficiar sus argumentaciones evo- lutivas y diferenciar a los primitivos de los ilustrados. Pero si cito esto es por el nivel de mando con que estas afirmaciones calaron en la mentalidad de la acade- mia y del llamado mundo civilizado, marcando el abis- mo entre letrados e iletrados. Darwin también escribió: «en los salvajes, la más inmoderada intemperancia no es un motivo de vergüenza. Su desmesurada licencia y crímenes contra lo natural son realmente espantosos». Era 1871 cuando escribió esto. Las guerras napoleó- nicas se dieron entre 1789 y 1815. Para Darwin, como para todos los doctos de la época (y seguramente hasta
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