El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
140 El nuevo idioma y su escritura no fueron cultivados: se les trasplantó de manera implacable con el propósi- to de enyugar las almas y someter los territorios y sus identidades. Por eso, como solemos decir, al libro te- níamos que exorcizarle la prepotencia con la que arribó a nuestra historia; hubo que recomponerle el ADN y ahijarlo a esta comunidad para que dejara de ajenizar y de ser ajeno. La lectura podía ser un fecundo plantío que enriqueciera nuestras búsquedas; las bibliotecas po- dían almacigar los conjuros de penitencias que nunca nos merecimos. Escritura o el coagular de las voces No es que nuestros pueblos no han «avanzado» por- que éramos analfabetos. Aun sabiendo leer y escribir, nuestro «delito» sigue siendo el ser «indios»: un racismo ultrajante no ha cesado de flagelarnos, una despótica estructura hegemónica sigue ejerciendo el escarnio en los últimos cinco siglos. Y con facultad científica. Un botón puede bastarnos de muestra: Charles Darwin, autor de El origen del hombre y otros clásicos, escribió, al conocer a los nativos haush en el siglo XIX:
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