El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

139 Nuestro entrañable amigo Eduardo Galeano resu- mió lo ocurrido de esta forma: Hace cinco siglos, la gente y la tierra de las Amé- ricas se incorporaron al mercado mundial en ca- rácter de cosas… la conquista, empresa ciega y enceguecedora como toda invasión imperial, solo podía reconocer a los indígenas, y a la naturaleza, como objetos de explotación o como obstáculos. La diversidad cultural fue descalificada como ig- norancia y penada como herejía, en nombre del dios único, la lengua única y la verdad única, mientras la naturaleza, bestia feroz, era domada y obligada a convertirse en dinero. La comunión de los indígenas con la tierra constituía la certeza esencial de todas las culturas americanas, y este pe- cado de idolatría mereció castigo de azote, horca o fuego. Para facilitar este latifundio en el que el libro adqui- rió un papel predominante, en 1503 la Corona españo- la emitió un edicto ordenando que, cumplidos los 10 años, los hijos de los «indígenas nobles» fueran separa- dos de sus familias y llevados a lo que después se llama- ría Colegios de curacas para aprender lectura, escritura y religión y que, después de haber cumplido todo su pro- ceso de formación, volvieran a sus comunidades para reproducir aquello en que les habían adiestrado.

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