El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
137 muy buena y que bien se hallaba con ella, y que no quería ni menos debía poner en disputa una cosa tan antigua y aprobada; y que Cristo murió, y el sol y la luna nunca morían y que cómo es que sabía el fraile que su Dios de los cristianos había creado el mundo. Fray Vicente respondió que lo decía aquel libro, y le dio su Breviario. Atahualpa lo abrió, miró, hojeó, y diciendo que a él no le decía nada, lo arrojó en el suelo. Tomó el fraile su brevia-rio y fue donde Pizarro voceando: «¡Los evangelios en tierra: venganza, cristianos!». Y se desató la masacre… El cronista indio Felipe Guamán Poma de Ayala es- cribió, chapoteando entre el quechua y el castellano, clandestinamente, su Nueva crónica y buen gobierno . Para ayudar a la palabra, la llenó de dibujos. Cuando en estos dibujos aparece alguna autoridad española con un libro en las manos, siempre a su lado está escrita la pala- bra «Obediencia». Para nuestros pueblos, el libro era el emisario del sometimiento. Pero no solo marcó esta dimensión histórica. El cronista mestizo Garcilaso de la Vega, a diferencia de quienes describieron a un Atahualpa altivo, cuenta que cuando en presencia del libro le pidieron que se some- tiese, el inca «Se entristeció (porque le pedían…) cosas tan ásperas, y dio un gemido: «¡Atac!», que quiere decir,
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