El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
123 pueden seguir entornillándose al punto que ya parezcan normales. El libro y la lectura como herramientas de paz La lectura no trae paz, pero impele a buscarla. La lectura incluso puede acicatear la bronca en el íntimo estallido de la indignación, pero esos hervores nos erigen y nos pueden lanzar a la búsqueda de caminos honorables. Por eso es apremiante que la lectura no se reduzca al ámbito de los textos sino que pueda partir y ser devuelta a los contextos. Los campos de cultivo son más que pi- zarrones que nos dicen cómo va la economía; el paisaje es la franca cátedra del clima; los rostros también nos dicen de cuán infaustas son las aflicciones o de cuán en- cumbradas son las convicciones; la calle nos educa con el descaro de su didáctica. Hace un tiempo leí un grafiti que decía: «Muchas autoridades viven tomando medidas, pero nunca hacen el vestido»; en otra pared: «Quien es capaz de sonreír cuando todo le está saliendo mal, es porque ya tiene pensado a quien echarle la culpa». Y ya que de cambios estamos hablando, no puedo dejar de recordar un grafiti que decía: «Lo único que te cambiaría es el apellido».
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