El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

119 Para citar un caso, después de la bomba atómica en Hiroshima, aquella que arrasó con unas doscientas mil vidas, la imagen del hongo atómico se convirtió en el logotipo de unas 55 empresas en Nueva York y, en la ciudad de Las Vegas, se dio inicio al concurso de belleza «Miss Bomba Atómica». Como dice la escritora Susan Sontag, «ser espectador de las calamidades que tienen lugar en otro país es una experiencia intrínseca de la modernidad». Es decir, el no condolerse con las imágenes que muestran semejantes estragos tiende a convertirnos en monstruos morales. Los noticiarios, las películas en hora punta y hasta la programación para los niños resultan ser parte de una «necrofagia comercial» obsequiosa de titulares pavoro- sos y tribulaciones insalvables, avivando miedos inve- terados, calles letales, relaciones flagelantes y futuros lúgubres. Uno tiene que recordar entonces el episodio que Só- crates habría oído sobre Leoncio hace unos 2500 años: Leoncio, hijo de Aglayón, cierto día, vio de lejos unos cadáveres tendidos en el lugar de los supli- cios y sintió simultáneamente un violento deseo de acercarse a ellos para verlos y un temor mez- clado de aversión a semejante objeto. Resistió al principio, y se cubrió el rostro; hasta que, por fin, cediendo a la violencia de su deseo, corrió hacia

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx