El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
109 La erudición colectiva y las tradiciones orales, en este caso, así como sus maneras de pervivir, no son una ta- bla de salvataje de los saberes, sino los saberes mismos. No son la manifestación del dentro, sino el mismísimo fondo. El tema no es solamente cómo recuperarlas y poten- ciarlas, sino cómo evitar la ausencia de sensibilidad res- pecto a las formas fundamentales de comunicación en estas comunidades. Esto a más de evitar la delimitación nominativa y generalizante de «áreas rurales», pues es probable que la mayoría de los pueblos que se hallan en el campo no solo vivan desde la tierra, sino que vivan con la tierra y para la tierra. Son la tierra. La observación de las lecturas y los discursos no pue- de privarse de la observación del universo que los rodea. Toda la magia y la sabiduría de la narración no están adelante ni atrás del corpus que la constituye, sino que son su propia constitución. Hay un proverbio chino que dice que «El que espera a un jinete debe cuidar muy bien de no confundir el rui- do de los cascos con los latidos de su corazón». Por esa misma razón, las producciones escritas de las vivencias relacionadas con la tradición oral y su atmósfera deben liberarse de los «paternalismos criollos» y de las inter- pretaciones oficiosas que, como alguien dijera, intentan versiones populares con mensajes digeribles para un su-
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