El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
104 el amante; «Entonces márchate. En esta casa no cabe- mos tú y yo», le dijo ella sin abrir la puerta. El rechazado amante se fue al campo, donde estuvo meditando durante meses, considerando las palabras de su amada. Por fin regresó y volvió a llamar a la puerta: «¿Quién es?», preguntó ella; «Soy tú», contestó él. Y la puerta se abrió inmediatamente. ¿En qué medida la lectura que promocionamos ge- nera leales compenetraciones con los espacios en los que nos hallamos; en qué medida las filiaciones comunita- rias pueblan los libros que difundimos; de qué manera nos adherimos —como renovados— a nuestra tierra gracias a las lecturas que compartimos? Es imperativo tomar en cuenta que la «realidad» pue- de ser una construcción discursiva en la que no siempre se pueden ver reflejadas las propias realidades. O sea que no tenemos acceso a la realidad, sino a las representacio- nes que nos venden o que compramos sobre ella. Estas «representaciones» pueden afectar nuestras ac- ciones porque al describir la realidad ya están tomando posición y, al reproducirlas, nos volvemos tributarios de esa misma posición. En el caso de la identidad, ¿a qué nos estamos re- firiendo? O, dicho de otro modo, ¿con qué sentido la aplicamos? ¿Con aquel que unifica o con aquel que dis-
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