El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
102 levantaba tan alta como una montaña cuando por orden de Zumárraga la sacaron a quemar. Fray Juan de Zumárraga, quien ordenó este siniestro, fue el primer arzobispo de México y es reconocido como el principal promotor para la instalación de la primera imprenta del Nuevo Mundo y el poseedor de una de las primeras bibliotecas importantes en nuestro conti- nente, «dada su cultura y sus aficiones humanistas». Muchos estilos modernos de pensamiento, cargados en gran parte de estos bagajes, suelen trabarse cuando se trata de entender los contextos peculiares, porque la he- terogeneidad de los procesos no puede ser reducida a los estrechos marcos de las miradas ajenizantes, despóticas o intolerantes. Esto cobra mayor importancia en lugares como el área rural de Cajamarca, donde históricamente ocurrió la colisión entre dos formas de ver y tratar el mundo, y que tuvo al libro como protagonista emblemático de esta debacle. Porque aquí no solo ocurrió un genocidio, sino también aquello que algunos llaman un «genie- cidio», es decir, la aplicación de la muerte más allá de lo físico, tratando de extirpar el genio y el ingenio de nuestros pueblos; una agresión sistemática y permanen- te para exterminar las almas, las mentes, las aspiraciones y los sueños.
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